"POR UN PLANETA LIBRE DE CONTAMINACION"

 

2012 mayo 30

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Obtener semen de oso pardo exige capturar ‘donantes’. Y en esta aventura nos ‘empotramos’ con un batallón de investigadores de la Universidad de León (ULE) y del servicio veterinario de Cabárceno, dispuestos a ‘cazar’ dos enormes ejemplares entre las decenas que habitan en este parque cántabro. Deberán ser osos adultos, sanos y de los no dominantes, para tener garantía de que, en plena época de celo, no se han vaciado en sus montas a las hembras. Más de veinte personas y cuatro vehículos se han embarcado en el derroche de adrenalina de esta empresa que persigue la supervivencia del oso pardo de la Cordillera Cantábrica, en peligro de extinción, a través de técnicas de reproducción asistida.
El tiempo acompaña en este día de finales de mayo. Patricia Manrique, Patri, se queda de ojeadora en el mirador de los osos, que conviven en un territorio de más de 35 hectáreas. Los conoce a todos. ‘Santi’, ‘Intrigante’, ‘Coco’, ‘Marmolillo’, ‘Curro’, ‘Rubio’, ‘Meón’…
Prepara su tesis doctoral en Cabárceno y tiene identificado a cada ejemplar: sabe si es viejo, si está enfermo, si es demasiado joven o si ha cubierto a tantas osas que no le quedan reservas de semen. Se comunica por radio con el coche desde el que se coordina el operativo. Al volante, Santiago Borragán, jefe veterinario de Cabárceno. De copiloto, el profesor Luis Anel Rodríguez, que dirige al equipo de la Facultad de Veterinaria de la ULE. Detrás, Merche y Susana, dos investigadoras, y Miguel Ángel Marañón, que se encargará de disparar los dardos anestésicos. En 22 años de oficio ha dormido «no menos de 500 osos».
Patri comienza a dar indicaciones. «A vuestra derecha, tenéis a ‘Intrigante’». Pero no es fácil localizarlo entre tantos plantígrados como los que están ahora en la pradera, pendientes de la comida que transporta una camioneta. En total son 70. La agitación crece dentro del todoterreno. «Ese grande es ‘Santi’, pero no interesa. Es demasiado mayor». «‘Intrigante’ sí nos vale». «No, que está con esa osa, vaciando el depósito». «‘Coco’ está junto al derrumbe». «Si veis a ‘Marmolillo’, sí interesa». «¿No es aquél que está cerca de las crías?». «¡Pero cómo estás hoy, Susana! ¡Si es una hembra!». «¡Patri, dinos algo!». «‘Bubu’ o ‘Canu’ nos servirían otra vez». «¿Ese tan guapo quién es?». «Es ‘Curro’».

La pala traslada a ‘Yan’, recién dormido por el dardo anestésico. FOTO CELEDONIO MARTÍNEZ

Dormido en 5 minutos
Al final, un oso anónimo que nunca ha sido capturado es el elegido. El ‘anestesista’ Marañón asoma por el techo descubierto del todoterreno, apunta, dispara a una distancia de veinte metros y el dardo hace diana en el lado izquierdo del cuello. Borragán arranca veloz para evitar, primero, que ese macho u otros acometan y rompan las ruedas y para colocarse, inmediatamente después, en la trayectoria de fuga del animal. Si escapa hacia arriba, entre las rocas, será difícil bajarlo. El coche de seguridad cubre el flanco contrario. A los dos minutos, el plantígrado ya no está en actitud de huida y, pasados cinco, cae dormido como un bendito.
Personal del parque y de la Universidad de León descienden de los vehículos para colocar correas en el cuello y en las patas del oso y después pasan una cadena por todas ellas para que el animal pueda ser recogido como un fardo, por su propia seguridad y la de los demás. Una pala John Deere lo carga y lo lleva hasta el remolque en el que será trasladado a la zona de curas. El mismo despliegue se repetirá después para reclutar a ‘Bubu’.
«Todo lo que hacemos en el parque está orientado a poderlo aplicar en la vida salvaje. Aquí dentro no tiene sentido. Ahora estamos probando una anestesia nueva con la que se siguen durmiendo en cinco o seis minutos, pero al de dos ya entran en una pérdida de consciencia parcial y no tienen ganas de huir. Si la captura se produce en libertad, esto es relevante, porque en su huida el animal se te queda a 300 metros del disparo en lugar de a dos kilómetros», afirma Borragán. Es vital localizar al oso que ha huido con el dardo clavado, ya que quedaría expuesto a cualquier ataque durante las tres o cuatro horas que dura el efecto sedante.
‘Bubu’ yace de costado sobre una mesa de operaciones con una pata trasera colgada en alto para que quede bien accesible la zona genital sobre la que hay que trabajar. Pesa 232 kilos. Le han taponado los oídos y le han cubierto los ojos con un trapo para que la anestesia surta mayor efecto. Está monitorizado y le han pelado las zonas en las que tiene colocadas las pinzas del electro. De la misma guisa se encuentra en otra tarima el oso que ya ha dejado de ser anónimo. Se llamará ‘Yan’ y pesa 240 kilos. Han aprovechado para colocarle un microchip de identificación y un crotal en la oreja, y para curarle las heridas que tiene en el lomo, producto de peleas con otros machos.
Rodeada por cinco alumnas de Veterinaria e inclinada sobre ‘Bubu’, la investigadora María Nicolás explica lo que hace. «Primero rasuramos el pelo de la región genital, lavamos bien la zona con jabón y el propio pene con suero. Metemos una sonda por la uretra para evitar la contaminación del semen con la orina. Ahora lo cubrimos con un paño estéril. Todas estas medidas están orientadas a coger la muestra lo más limpia posible para que sea viable».

Dos de las crías nacidas este año en Cabárceno. FOTO CELEDONIO MARTÍNEZ

El sexo de las crías
Cuando la higiene está asegurada, comienza el proceso de electroeyaculación. Se introduce por el ano del oso una sonda cilíndrica conectada a un aparato que emite microdescargas eléctricas, para inducir la eyaculación involuntaria del macho y recoger su semen.
Luis Anel, profesor del Departamento de Medicina, Cirugía y Anatomía Veterinaria de la ULE, indica que están en uno de los últimos pasos de la investigación para obtener, manejar y conservar semen de oso pardo. Esta fase avanzada «está encaminada sobre todo a poder manipular las muestras para que los centros de referencia puedan aplicar sobre ellas técnicas tan novedosas como el sexaje espermático, que permite separar, por un lado, los espermatozoides que portan el cromosoma ‘X’, y por otro, los que portan el ‘Y’».
La posibilidad de decidir el sexo de la descendencia en el momento de la inseminación «tiene mucha importancia, porque uno de los signos de las poblaciones en declive es el desequilibrio de esas ratios. O bien hay muchos machos, o se da un exceso de hembras. El sexaje espermático podría ser una herramienta para la recuperación de una especie tan problemática como es el oso pardo en las montañas cantábricas».
Esta primavera, el equipo de veterinarios, biólogos y biotecnólogos de la Universidad de León y de Cabárceno ha vuelto a explorar «la vía macho», pero el año pasado abordaron «la vía hembra», con la captura de osas. «Hemos puesto prácticamente a punto una técnica también muy novedosa que nos permite hacer la inseminación intrauterina profunda y que podría dar muchísima más viabilidad a la reproducción asistida».
El gran reto de la investigación es «determinar el momento idóneo para inseminar artificialmente a la osa, saber cuándo va a ovular». En ese punto radica la mayor dificultad. «La vía hembra resulta más compleja, sobre todo por los requerimientos de infraestructuras y de personal, al final, de dinero, y creo que estamos en una coyuntura en la que es delicado hablar de fondos para investigación», reconoce Luis Anel.
En ningún lugar del mundo se ha conseguido dejar gestante a una hembra de oso pardo por inseminación artificial. Ese es el fin último de los ensayos científicos que se desarrollan en Cabárceno.
Una vez extraídas las muestras de semen y devueltos los donantes involuntarios a los jaulones de transporte, Borragán inyecta a ‘Bubu’ y ‘Yan’ el antídoto para revertir el efecto de la anestesia. Antes de dos minutos, los osos han despertado. 24 horas después, deambulan de nuevo por el parque, con sus partes íntimas rasuradas, pero sin mayores secuelas.

 

POBLACIÓN OSUNA EN ESPAÑA

Cordillera Cantábrica
Núcleo occidental: entre 160 y 180 osos pardos. En 2011, la Fundación Oso Pardo (FOP) contabilizó 25 hembras con 51 crías, récord que será difícil de repetir.

Núcleo oriental: 30 ejemplares. En 2011 sólo criaron tres osas, con cuatro cachorros en total.
Pirineos
Pirineo occidental: quedan dos osos, ambos machos, uno esloveno y otro híbrido, Cannellito, hijo de una hembra pirenaica fallecida.

Pirineo central: entre 20 y 25 plantígrados, todos eslovenos, introducidos tras la extinción de la población autóctona. En 2011 dos osas tuvieron dos crías cada una.

Cabárceno
El parque cántabro es la mayor reserva de Europa de osos pardos en cautividad, con alrededor de 70 ejemplares, aunque son animales considerados de escaso valor genético por su mestizaje.

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